
Por Víctor Hugo Carvallo
En Providencia 1114 (al lado de las Torres de Tajamar) se encuentra la antigua galería Véneto, un antiguo centro comercial santiaguino que con los años se fue convirtiendo en el lugar favorito de fanáticos de la literatura y coleccionistas. Con más de 30 locales, ésta ha ido desplazando al clásico barrio de San Diego; a tal punto que, tanto clientes como libreros, se han estado cambiando constantemente durante los últimos años a este singular rincón de Providencia.
Fernando Galleguillos llegó en 1985. Cuenta que en un principio la librería era administrada por su esposa y él solo la asesoraba. Pero después de jubilar, encontró en la tienda la actividad perfecta. En su local, constantemente los clientes entran, conversan un rato y se van con algunos libros. Es así como funciona el negocio, siempre con un toque de cordialidad y cercanía tan difícil de encontrar en estos días. “Se establece una relación con el cliente, siempre en la temática de los libros”, declara Don Fernando. Por otra parte, y solo a algunos metros de distancia, Ricardo Fernández, otro librero, afirma que lleva 8 años en la galería. “Aunque antes estaba en otro local, pero siempre dentro de la misma galería”, asegura. Luego prosigue: “Es un trabajo tranquilo y entretenido, además se aprende mucho a través de los libros”. Cuenta que la galería antes no era techada y que en ese tiempo la cosa era más hostil. Pero de a poco se ha ido convirtiendo en la zona principal de los libros de viejo. “En San Diego lo que más se encuentra en estos días son libros nuevos (provenientes de bodegas de editoriales) y piratas. Incluso algunos libreros de San Diego se han venido para acá. Ahora hay 31 locales: unos tres o cuatro de antigüedades y el resto librerías”.
Uno que lleva poco tiempo es Patricio Gallardo. Él está trabajando en su tienda desde febrero de 2007, sin embargo el local existe de antes. “Mi padre falleció de cáncer el año pasado, él estuvo acá por años y ahora yo me encargo. (...) es el negocio de la familia”. Con respecto a la cotidianidad, comenta: “Es relajado trabajar aquí, cada uno es jefe de uno mismo. Uno tiene que saber como llevar una rutina eso si. Además, cada local es como una casita y así se va creando una cartera de clientes”. Uno de esos clientes es el profesor Roberto Aedo, Licenciado en Literatura y Lengua Hispánica. Visita semanalmente la galería hace años y asegura que en libros usados, ediciones de colección y títulos complicados, éste es el lugar indicado. Mientras revisa los estantes ubicados en el pasillo se encuentra con Gabriela Schiavi, dibujante y vecina de Providencia: “Yo vengo porque este lugar produce un magnetismo especial. (...) Se ha convertido en un epicentro cultural. Uno puede conversar con gente de diferentes edades o diferentes estratos y todos comparten un afán cultural. Jóvenes y viejos. Ricos y pobres”. Juntos entran a la librería de Alejandro Ballesteros, un veterano de la segunda vuelta, como se autodenomina (porque los de la primera llegaron hace 30 años, y él solo hace 20). Ahí se quedan durante horas. Roberto, al referirse a su amigo Alejandro, explica: “Hay libreros que venden libros como si fueran papas (...), él tiene conciencia de la labor social que está haciendo. Hay todo un tema con la difusión cultural y eso se relaciona con los precios bajos”.
Así, y mientras comparte un café con sus amigos, Don Alejandro explica de donde saca tanto material: “Se buscan en ferias y casas. Por avisos en el diario. Muchos llegan de regiones. Constantemente vienen personas a vender libros”. Estos son los llamados busquillas. “Antes yo buscaba libros o mandaba a algún asistente” cuenta el librero, pero ahora prefiere quedarse atendiendo el negocio; además, contratar a un asistente en estos días no sería lo más conveniente. “En ese sentido la labor de los busquillas es primordial”.

Entre las diferencias de precios, en esta galería de Providencia éstos varían entre $300 o $500 hasta alcanzar cifras mayores a $30.000 o $50.000, dependiendo el libro y, sobre todo, la edición.






Yo soy asidua compradora de este lugar, se consiguen libros y portafolios de arte a precios buenísimos!... genial leer algo de este lugar, que para lso que nso gustan las antiguedades y los libros, es visita obligada en Stgo.
Freakisis